Duelo en los niños

DUELO EN LOS NIÑOS





Cuando muere un ser querido difícilmente encontramos las herramientas necesarias para poder ayudar a los niños a enfrentar un duelo. Generalmente los adultos resuelven la situación evadiendo el tema y ocultando sus sentimientos delante de ellos.


El duelo en los niños


De acuerdo a los expertos (New York University Child Study Center) no se debe ocultar la realidad a los niños ni protegerlos de la muerte, pero sí ayudarlos en el proceso de duelo, esto dependerá de la edad del niño y su capacidad para comprender lo que está sucediendo.

Hasta los 5 años los niños no comprenden aun el significado de la muerte, por tal razón, es necesario explicarles con palabras concretas y un lenguaje muy claro, aunque muchas veces su pregunta parezca profunda realmente no lo son simplemente necesitan satisfacer su duda. Un ejemplo seria: si una persona mayor como un abuelito muere se puede decir a los niños que ya su cuerpo tenía muchos años y dejo de funcionar y los médicos no pudieron curarlo.


A partir de los 6 años hasta los 9 aproximadamente los niños ya conceptualizan la muerte, es decir, tiene mayor comprensión de lo que significa la morir, sin embargo, tienden a asociar este hecho con personajes como fantasmas, el hombre del saco, entre otros.

No importa la edad que tengan los niños siempre se debe abordar el tema con la mayor claridad y sinceridad posible (respetando siempre la creencia religiosa de la familia acerca del tema) de este moda el duelo será un proceso que vivirán de la mejor manera para superar este evento trascendental en la vida de las persona. Te explicamos como.



Isabel Calonge, profesora de Psicología Clínica de la Universidad Complutense de Madrid, afirma que la mayoría de los menores se sobreponen razonablemente a la muerte si cuentan con el calor de su familia y del entorno escolar. Resume en diez pautas el comportamiento que debe tener un adulto con un menor ante la muerte de alguien cercano.

Comunicar pronto la noticia, antes de que otros se la puedan contar y…de peor manera.

Decir la verdad: una mentira se puede volver contra nosotros y contra el niño. Si le decimos que su padre está trabajando y va a estar un tiempo fuera, el niño se sentirá abandonado y se puede preguntar por qué se ha ido sin despedirse de él o por qué no le llama.

Dar la noticia poco a poco. Los menores tienen su propio mecanismo regulador: harán preguntas, escucharán y en un momento dado cortarán porque hasta ahí pueden soportar. No hay que dar detalles macabros, es mejor contarlo breve y ver cómo reacciona.

Complementar con apoyo afectivo: siempre que sean las muestras de afecto habituales entre ellos. A veces es más impactante para el menor un gesto no habitual que una simple mano en el hombro.

Empleo de eufemismos: no es del todo adecuado porque los niños no llegan a entender que el fallecido pueda estar “en un mundo mejor” o que se haya “convertido en una estrella”. Otra cosa es que se mezcle con las creencias religiosas al decir que “está en el cielo” o “está con Dios”, forma parte de la educación familiar.

Cómo explicar el concepto de muerte: El niño tiene que entender que todos los seres vivos mueren. Se puede utilizar el ejemplo de una mascota, de una película, de un cuento…

Mostrar emoción delante del niño: está bien porque le damos un modelo para expresar su sentimiento. Pero no debemos perder el control, ni llorar sin poder hablar.

Ver el cadáver: En nuestra cultura no es habitual que el niño vea el cadáver pero no es tan grave en niños mayores, cuando están educados en la muerte y cuando a los padres les parece correcto.



Asistir al entierro. Puede ser traumático para un pequeño ver cómo echan tierra encima del féretro. Es mejor el funeral o la incineración al ser actos de despedida en el que reciben apoyo. Pero es importante preguntar al niño si quiere ir. Nunca hay que obligar y sí protegerles con una persona muy cercana que les de la mano. El adolescente se siente más arropado en estos actos si sus amigos están cerca.

Ventilación de las emociones: Hay que dar al niño espacio para que se exprese, pero no forzarle. El adulto debe mostrar disponibilidad para escucharles. Cuidado con consejos y expresiones del tipo “esto es así al principio pero luego se pasa” o “con lo joven que eres dentro de unos años ni te acuerdas”. Les provoca más malestar que apoyo.

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